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Estamos ante quien, en los albores del Cuartel de bomberos de Olavarría, ingresó como cadete. El primero, por esos tiempos, el único. Raúl Antonio Sácher. Una familia donde la palabra bombero es algo así como una nacionalidad.

Raúl contó que, allá por 1956, cuando tenía 9 años, acudía con entusiasmo al cuartel, que de hecho era el corralón municipal de la calle Bolivar, lugar al que llegaban los voluntarios a entrenarse y recibir enseñanzas.

El era todo entusiasmo y pasión de pibe, ansioso para que el tiempo pasara rápido y pudiera sumarse al Cuerpo. Todo lo que escuchaba lo grababa en su mente, todo le sorprendía. Todo lo aprendía… Pero tenía sólo 9 años.

Llegó un día en que su entusiasmo tuco recompensa. Volvió más que feliz a su casa ese atardecer, porque el jefe, Juan Antonio Puebla, que lo venía observando y tenía con él un cariño especial, lo sumó a los Bomberos Voluntarios de Olavarría con el título de cadete.

Claro, no había aún Escuela de Cadetes, pero él inició el camino que siguieron los que formaron parte del estamento docente de Bomberos. Y aún hoy, lejos, muy lejos en los tiempos las cosas que cuenta, Raúl Antonio Sácher, que fue bombero hasta que cumplió los 20 años, siente la emoción por el afecto que se le dispensa por haber sido algo así como el mojón para los que vinieron después. Y junto a los chicos de la Escuela de hoy, los vimos sintiéndose uno de ellos, en la visita que efectuó al Cuartel.

Los instructores Raúl Torres, Pablo Moreno, y Rubén Taiba, hablan de la importancia de una buena formación.

“La Escuela ayuda en alguna medida a la familia en la formación de los hijos. El concepto de disciplina y responsabilidad son parte de nuestra tarea. No todos los que ingresan terminan el curso, ya sea por razones de estudio, y directamente porque están desmotivados. Ahí tratamos de calar en la problemática del noven, y ayudarlo en todo lo posible. Se forme o no bombero, es importante que les haya servido su paso la Escuela. Tratamos de inculcar el sentido de servicio a la comunidad, definir en cada uno de ellos ser personas de bien, aparte de lo que específicamente es la formación técnica, apuntando a ideas sobre seguridad y problemáticas vinculadas con la actividad."

Campamentos, recorridas por las sierras, entrenamientos, simulacros de emergencias, son parte de la vida de un integrante de la Escuela, mientras se observa, por ejemplo, cuán impreisionables puede ser en situaciones traumáticas, aunque un joven hasta los 18 años no ingresa como bombero, y en ninguna circunstancia acude a emergencia alguna.

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